Es imposible adjudicar la autoría de la vacuna contra el sida a una persona
Lcda. Any Riera Ortìz
A seis años de su última visita a la Universidad Rafael Urdaneta (URU), el coordinador del programa de vacuna contra el sida de la Fundación Bill & Melinda Gates, doctor José Esparza Bracho, en su corta estancia en la capital zuliana dedicó un espacio de su valioso tiempo para recorrer las instalaciones de la universidad, donde no solo reconoció el crecimiento físico de su infraestructura, sino también la dotación tecnológica y bibliotecaria para la actividad académica. En esta oportunidad conversó sobre los modelos de investigación biomédica que se llevan a cabo actualmente en el contexto global.
Desde el siglo pasado las comunidades científicas se han establecido en grandes grupos que trabajan por un objetivo, tal como ha sido el caso de los estudios en física. ¿Cuál es la tendencia que siguen las investigaciones en biomedicina?
Ciertamente, en el área de la física se puede mencionar como producto más reciente el acelerador de partículas, en el cual se ha realizado una importante inversión de recursos y capital humano por parte de diversos sectores. A esto se le conoce como Big Science, o ciencia a gran escala, y es algo en lo que creo firmemente, ya que la complejidad de la ciencia actual es tal, que el individuo en solitario no la puede abordar; no solo la ciencia es compleja, sino también los problemas a los que nos enfrentamos en la actualidad y que requieren la participación de grupos de investigación.
El proyecto del Genoma Humano está enmarcado en el modelo de la ciencia a gran escala. Cuando se propuso, la gente lo atacó y algunos hasta decían que no era un proyecto científico porque entre otras cosas, no existía la tecnología, sin embargo, se debió desarrollar para alcanzar la meta, y fue así como en el año 2001, cuando se tuvo el borrador con el resultado del estudio, éste se consideró una joya preciada, pese a las críticas iniciales.
Otro proyecto de Big Science en biomedicina fue el de la guerra contra el cáncer (National Cancer Act) impulsado por los Estados Unidos en la década del setenta, en el que se invirtieron muchos recursos y se puso a trabajar a gente preparada con el fin de generar un conocimiento científico que a la vez resolviera un problema.
¿Quiere decir que luego de varios decenios de investigaciones biomédicas, el modelo de la gran ciencia ha calado totalmente en esta área?
Los proyectos de Big Science en biomedicina no terminan de prosperar porque la comunidad científica todavía se aferra a la libertad académica, y no tengo nada en contra de ella, pero se mueve en dos tensiones. La primera está referida a la dicotomía que plantean entre el pensamiento individual y el colectivo, y aunque con frecuencia el pensamiento colectivo tiende a equivocarse, se comete el error de creer que el pensamiento individual es propio de una persona.
La otra tensión que se genera es la que nos lleva a debatir entre la generación del conocimiento por el propio conocimiento y la investigación para buscar soluciones, y ello me remite a un texto que leí sobre lo que un autor llamaba el Cuadrante de Pasteur en el que la búsqueda de ese saber puede ser para uno u otro fin, o para ambos.
De manera que yo no veo tensiones entre la individualidad sobre lo colectivo, o entre la generación de ciencia para su uso o para contribuir con el conocimiento mismo. El hecho es que los nuevos retos científicos son tan complejos, que las sociedades no van a apoyar hoy día las investigaciones sólo para satisfacer la necesidad de individuos brillantes, tiene que haber un impacto social.
¿Entonces se puede decir que la ciencia es colectiva?
Hace unos años creamos el concepto de enterprise o empresa para lograr la vacuna del sida, enmarcada en el modelo de Big Science y de la cual yo fui líder del equipo de trabajo. Después de varios años, ha ocurrido algo interesante y es que recientemente tuvimos resultados importantes, los cuales no nos permitían avanzar en la investigación hasta contar especialistas de otras partes del mundo, de manera que ya puedes hacerte una idea de la globalidad del asunto.
A diferencia de las vacunas de otras enfermedades, con la del sida es imposible adjudicar su descubrimiento a una o dos personas, pues están implicadas muchas otras, empezando por los voluntarios que se sometieron a pruebas.
¿En qué medida los experimentos realizados en los últimos veinte años, y cuyos resultados no han sido satisfactorios, han permitido la evolución del modelo de investigación?
Sin duda alguna, vamos en evolución y por ello es importante preservar la capacidad creativa de los investigadores individuales para que complementen el trabajo de grupo, en lugar de que el pensamiento colectivo suplante el potencial creativo de cada quien. El problema es que muchos científicos tienen como meta principal la publicación de sus resultados en una revista de impacto.
Lo que ha faltado cubrir en la biomedicina es la fase de traducción o maduración de conocimiento, porque hay organizaciones muy buenas promoviendo la adquisición de resultados producto de un estudio previo, pero que requieren el know how de una compañía farmacéutica para hacer grandes cantidades de dosis de una vacuna, y es la fase más floja del proceso, porque si no cuentan con dichas empresas, el conocimiento cae en lo que llamamos el valle de la muerte, y se pierde. No hay un sistema bien desarrollado para realizar otras pruebas que se necesitan.
Sin embargo, ese valle ha sido llenado por las empresas de biotecnología, las cuales son de alto riesgo. Para el biotecnólogo, su riesgo se acaba cuando publica sus resultados, mientras que la industria farmacéutica debe esperar que la comunidad científica resuelva el gran problema que le apremia (por ejemplo, las enfermedades) para comenzar a producir.
Lcda. Any Riera Ortìz
A seis años de su última visita a la Universidad Rafael Urdaneta (URU), el coordinador del programa de vacuna contra el sida de la Fundación Bill & Melinda Gates, doctor José Esparza Bracho, en su corta estancia en la capital zuliana dedicó un espacio de su valioso tiempo para recorrer las instalaciones de la universidad, donde no solo reconoció el crecimiento físico de su infraestructura, sino también la dotación tecnológica y bibliotecaria para la actividad académica. En esta oportunidad conversó sobre los modelos de investigación biomédica que se llevan a cabo actualmente en el contexto global.
Desde el siglo pasado las comunidades científicas se han establecido en grandes grupos que trabajan por un objetivo, tal como ha sido el caso de los estudios en física. ¿Cuál es la tendencia que siguen las investigaciones en biomedicina?
Ciertamente, en el área de la física se puede mencionar como producto más reciente el acelerador de partículas, en el cual se ha realizado una importante inversión de recursos y capital humano por parte de diversos sectores. A esto se le conoce como Big Science, o ciencia a gran escala, y es algo en lo que creo firmemente, ya que la complejidad de la ciencia actual es tal, que el individuo en solitario no la puede abordar; no solo la ciencia es compleja, sino también los problemas a los que nos enfrentamos en la actualidad y que requieren la participación de grupos de investigación.
El proyecto del Genoma Humano está enmarcado en el modelo de la ciencia a gran escala. Cuando se propuso, la gente lo atacó y algunos hasta decían que no era un proyecto científico porque entre otras cosas, no existía la tecnología, sin embargo, se debió desarrollar para alcanzar la meta, y fue así como en el año 2001, cuando se tuvo el borrador con el resultado del estudio, éste se consideró una joya preciada, pese a las críticas iniciales.
Otro proyecto de Big Science en biomedicina fue el de la guerra contra el cáncer (National Cancer Act) impulsado por los Estados Unidos en la década del setenta, en el que se invirtieron muchos recursos y se puso a trabajar a gente preparada con el fin de generar un conocimiento científico que a la vez resolviera un problema.
¿Quiere decir que luego de varios decenios de investigaciones biomédicas, el modelo de la gran ciencia ha calado totalmente en esta área?
Los proyectos de Big Science en biomedicina no terminan de prosperar porque la comunidad científica todavía se aferra a la libertad académica, y no tengo nada en contra de ella, pero se mueve en dos tensiones. La primera está referida a la dicotomía que plantean entre el pensamiento individual y el colectivo, y aunque con frecuencia el pensamiento colectivo tiende a equivocarse, se comete el error de creer que el pensamiento individual es propio de una persona.
La otra tensión que se genera es la que nos lleva a debatir entre la generación del conocimiento por el propio conocimiento y la investigación para buscar soluciones, y ello me remite a un texto que leí sobre lo que un autor llamaba el Cuadrante de Pasteur en el que la búsqueda de ese saber puede ser para uno u otro fin, o para ambos.
De manera que yo no veo tensiones entre la individualidad sobre lo colectivo, o entre la generación de ciencia para su uso o para contribuir con el conocimiento mismo. El hecho es que los nuevos retos científicos son tan complejos, que las sociedades no van a apoyar hoy día las investigaciones sólo para satisfacer la necesidad de individuos brillantes, tiene que haber un impacto social.
¿Entonces se puede decir que la ciencia es colectiva?
Hace unos años creamos el concepto de enterprise o empresa para lograr la vacuna del sida, enmarcada en el modelo de Big Science y de la cual yo fui líder del equipo de trabajo. Después de varios años, ha ocurrido algo interesante y es que recientemente tuvimos resultados importantes, los cuales no nos permitían avanzar en la investigación hasta contar especialistas de otras partes del mundo, de manera que ya puedes hacerte una idea de la globalidad del asunto.
A diferencia de las vacunas de otras enfermedades, con la del sida es imposible adjudicar su descubrimiento a una o dos personas, pues están implicadas muchas otras, empezando por los voluntarios que se sometieron a pruebas.
¿En qué medida los experimentos realizados en los últimos veinte años, y cuyos resultados no han sido satisfactorios, han permitido la evolución del modelo de investigación?
Sin duda alguna, vamos en evolución y por ello es importante preservar la capacidad creativa de los investigadores individuales para que complementen el trabajo de grupo, en lugar de que el pensamiento colectivo suplante el potencial creativo de cada quien. El problema es que muchos científicos tienen como meta principal la publicación de sus resultados en una revista de impacto.
Lo que ha faltado cubrir en la biomedicina es la fase de traducción o maduración de conocimiento, porque hay organizaciones muy buenas promoviendo la adquisición de resultados producto de un estudio previo, pero que requieren el know how de una compañía farmacéutica para hacer grandes cantidades de dosis de una vacuna, y es la fase más floja del proceso, porque si no cuentan con dichas empresas, el conocimiento cae en lo que llamamos el valle de la muerte, y se pierde. No hay un sistema bien desarrollado para realizar otras pruebas que se necesitan.
Sin embargo, ese valle ha sido llenado por las empresas de biotecnología, las cuales son de alto riesgo. Para el biotecnólogo, su riesgo se acaba cuando publica sus resultados, mientras que la industria farmacéutica debe esperar que la comunidad científica resuelva el gran problema que le apremia (por ejemplo, las enfermedades) para comenzar a producir.
