ULA a la vanguardia en la elaboración de harina de lombriz para alimentar peces

** ¿Cómo lograr que los seres humanos sigan recibiendo la cantidad de proteínas necesarias a través de los animales (en este caso marítimos)? O mejor ¿Qué hacer para sustituir la harina de pescado por un producto igualmente nutritivo? Son algunas de las preguntas que tratan de responder los investigadores
La harina de pescado se usa actualmente aunque parezca irónico- para alimentar a los peces que posteriormente consumirán los seres humanos.
Se prevé, sin embargo, que dentro de diez años la crisis alimentaria se agudizará, por tanto, será una mala idea producir peces a partir de peces porque la cantidad de estos animales mermará y el precio de la harina de pescado subirá.
Ahora bien ¿Cómo lograr que los seres humanos sigan recibiendo la cantidad de proteínas necesarias a través de los animales (en este caso marítimos)? O mejor ¿Qué hacer para sustituir la harina de pescado por un producto igualmente nutritivo?
Afortunadamente no somos los primeros en formular estas interrogantes. Un grupo de investigadores de la Universidad de Los Andes y del Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas de Francia ya está trabajando en la elaboración de una materia prima alterna igualmente nutritiva: la harina de la Eisena foetida, mejor conocida como lombriz roja californiana
Los estudiosos están perfectamente engranados: en el Departamento de Ciencias de los Alimentos de la Facultad de Farmacia y Bioanálisis se prepara la harina, no sin antes analizar su calidad protéica y el contenido de grasas, aminoácidos y carbohidratos de esta especie de lombriz; en la Facultad de Ingeniería están diseñando una máquina que permita extraerla del estiércol o cama de tierra donde vive; en el Circuito de la Universidad de Los Andes para el Manejo Integral de los Desechos (Ciulamide) la crían en canteros; el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas de Francia está presente a través de Pierre Aguirre, experto en el cultivo de truchas para consumo humano; y en el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (Inia) e Instituto de Inmunología Clínica de la Facultad de Medicina (Idic) se realizan los ensayos clínicos en ratones y alevines de trucha.
El profesor José Angel Cova, investigador del Idic, indica que la fase experimental con ratones ya culminó. Para obtener resultados alimentaron a estos animales con harina de lombriz roja californiana, a la espera de alteraciones en la estructura orgánica de este animal como producción de alergias y variaciones hepáticas e intestinales que puedan surgir. También observaron el crecimiento y desarrollo, en síntesis, la efectividad de este tipo de nutrición en el animal.
Los efectos de la harina de lombriz en los órganos de 40 ratones ya fueron publicados. En el hígado no se observaron alteraciones, no hubo inflamación hepática y en el intestino tampoco se presentaron cambios. En el área de la inmunología nos interesa el intestino porque es allí donde se produce el primer choque con el alimento y donde se gestan las primeras fases de la alergia. Hasta ahora no hemos visto que la proteína (harina de lombriz) produzca alergia, a pesar de que es una especie totalmente diferente a los seres humanos.
El estudio o análisis en los alevines de trucha está en proceso.
Importancia de la acuicultura
El profesor Pierre Aguirre, del Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas de Francia, conoce bien las condiciones de la truchicultura artesanal merideña, pues ha venido a nuestra ciudad en cuatro ocasiones gracias al financiamiento de diferentes instituciones: Fonacyt, Programa de Cooperación entre Graduados, Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico de la ULA, Fundacite Mérida y Centro Nacional de Tecnología Química.
Al hablar de la acuicultura (técnica del cultivo de especies acuáticas vegetales y animales), Aguirre la cataloga como una actividad que reúne a los hombres pero que también está estrechamente vinculada con la valoración del medio ambiente. Hasta ahora se usa la harina de pescado como único producto de alimentación que proviene del pez mismo pero, con la sobrepesca, debemos identificar fuentes sencillas que puedan sustituir a esta harina. Por otro lado, la acuicultura es una actividad que sí se debe desarrollar para que todos los seres humanos consuman un producto altamente nutricional.
Como conocedor del nacimiento y evolución de la truchicultura artesanal andina, Aguirre opina que la misma es exitosa porque se dispone en la región de aguas de buena calidad y con una temperatura adaptada al cultivo de truchas, lo cual hace que se pueda manejar en pequeñas unidades. Por sus valles y accesos accidentados, cada truchicultor cuenta con un lote de terreno donde puede incluir sus tanques y usar la cantidad de agua que dispone. Para desarrollar y asegurar estas pequeñas producciones se les debe proveer de los alimentos concentrados que hacen falta y, en ese sentido, la ULA y otras instancias concurren para permitir que esta actividad sea duradera.
Cría de la trucha
Según este investigador franco-español, la trucha es un pez de agua fría. La temperatura ideal para su reproducción es de 8 grados, pero para su óptimo desarrollo y crecimiento la temperatura del agua debe estar entre los 12 y los 16 grados.
Si el agua es muy fría el ciclo de producción es muy lento y eso puede cansar las esperanzas de los acuicultores, en cambio, cuando la temperatura es demasiado alta los peces sufren, pues la cantidad de oxígeno depende completamente de la temperatura. En Mérida estas condiciones son muy favorables pues, en las partes altas se puede crear una piscifactoría de reproducción y, en las partes bajas, instalaciones más dedicadas a producción y engorde de las truchas.
En nuestra región, la especie más común es la Trucha Arcoiris Merideña la cual, según Bastardo (1994), es una especie exótica que se cultiva en Venezuela desde 1937, año en que fue traída desde los Estados Unidos en forma de huevos embrionados. En los Andes Venezolanos existe un cultivo intensivo de esta variedad y se estima que se genera una producción de 500 mil kilogramos al año (*).
La Universidad de Los Andes dispone de la voluntad de sus actores para evolucionar esta actividad, procurando identificar las materias primas que permitan la fabricación de alimentos concentrados adaptados a esta producción, además de promover un pez de calidad sanitaria y nutricional adecuado a los requerimientos de la alimentación humana.
En este sentido, Pierre Aguirre también opina que los gobiernos centrales deben contribuir con el desarrollo de estos programas y apoyar a las universidades, productores e industriales con la agilización de leyes y la disposición de recursos materiales y económicos como acciones determinantes en este tipo de investigación.
Acuicultura y seguridad alimentaria
Se considera que el pez es un buen transformador de proteína, de hecho, por cada 100 kilos de alimentos se producen 25 kilos de cerdo, 12 kilos de gallina y 60 kilos de peces. La proteína es una de las materias más importantes porque, según las necesidades, se sabe que se requieren, como mínimo, 20 gramos para la diaria alimentación humana, cosa que no siempre es posible en los países en desarrollo porque, en una sociedad muy presionada con una alimentación rápida basada en grasas y azúcares, es importante redirigir condiciones alimenticias más adecuadas para la salud.
ULA vanguardista
La profesora Annie Medina, del Departamento de Ciencias de los Alimentos de la Facultad de Farmacia y Bioanálisis, puede mostrar resultados exitosos en la elaboración de galletas de harina de lombriz.
En este caso en particular, tienen también la responsabilidad de producir este tipo de harina que sirva como alimento para truchas.
Medina nos cuenta que en otras universidades venezolanas también se realizan investigaciones donde la lombriz es la protagonista principal, sin embargo, estos estudios están dirigidos a producir humus (capa superficial del suelo constituida por la descomposición de materiales animales y vegetales) para una agricultura limpia.
Nosotros tomamos la lombriz como biomasa para alimentar animales, es decir, el enfoque de la investigación es diferente. La lombriz que usamos, que es la roja californiana, soporta el cautiverio y si le damos las condiciones para su bienestar, como humedad, temperatura, PH (grado de acidez) y comida, no va a escapar del cantero donde se está cultivando. Esto es una ventaja para nosotros porque, el hecho de poder escoger su dieta, nos asegura que el animal no va a estar contaminado.
Si no está contaminada la harina de lombriz, tampoco lo estará la trucha y mucho menos el ser humano que la consuma.
Aunque el estudio con alevines de trucha está en proceso, se sabe que la harina de lombriz es efectiva en ratones, la ULA, por tanto, podría estar entre las instituciones educativas venezolanas que trabajan para darle a los alimentos para peces un rumbo distinto, pero igual de eficaz. ( Adriana Heras. Prensa ULA/CNP 6705)
(*) Bastardo, H. (1994). Sobrevivencia de la Trucha Arco Iris (Oncorhynchus mykiss) en condiciones de cultivo en Mérida, Venezuela. Campo Experimental Truchícola La Mucuy. Estación Experimental Mérida
