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La máxima cita olímpica ha cumplido con las expectativas de todos los habitantes del planeta: excelente organización, instalaciones funcionales y arquitectónicamente atractivas, atletas destacados y adrenalina a montones.

Sin embargo, lo más destacado de estos Juegos Olímpicos de Beijing fue la gloriosa actuación del estadounidense Michael Phelps , el cual, al obtener ocho medallas de oro, superó la marca de su compatriota Mark Spitz . Además, se convirtió en el deportista más laureado de la historia al alcanzar un total de 14 preseas doradas y dos de bronce entre sus tres participaciones olímpicas.

Estómago de campeón

Evidentemente, el fuerte entrenamiento del tritón requiere de un gasto energético más allá de lo normal. Por lo tanto, el joven Phelps necesita una ingesta calórica que podría dejar con la boca abierta hasta el más plantado: 12 mil calorías diarias. ¡Sorprendente!

El nadador hizo pública su dieta, un menú que hasta los mismos comelones profesionales no podrían creer. Yo, en lo particular, sigo con la hipótesis de que este Poseidón moderno es un ser de otro mundo o plano superior…

Desayuno: tres sándwiches con huevo frito, queso, lechuga, tomate, cebolla frita y mayonesa. Dos tasas de café, una tortilla de cinco huevos, un tazón de sémola y puré de maíz. Como complemento come tres rebanadas de pan cubierto de azúcar y tres porciones de bizcocho de chocolate.

Almuerzo: medio kilo de pasta enriquecida y dos sándwiches grandes de pan blanco con jamón y queso untados con mayonesa. 1000 calorías en bebidas energéticas.

Cena: medio kilo de pasta enriquecida para reponer las colorías quemadas durante el día, una pizza y otras 1000 calorías en bebidas energéticas.

Esto demuestra que eso de la alimentación sana en los atletas de alto nivel no es más que un mito urbano… No obstante, les recomiendo a los lectores que no imiten la rutina gastronómica de Phelps, se podría ocasionar una epidemia de obesidad. ¿Nuestro amigo será un extraterrestre?

Luis Enrique Medina Méndez